Este es el corazón de nuestra fe


Dios creó la vida fundamentalmente ‘buena’. La humanidad, en lugar de prosperar bajo Su diseño, usurpó (se apropió de) la autoridad de Dios y fue tras sus propios deseos; desintegrando la relación, la paz y la prosperidad e incurriendo en culpabilidad. Pero Dios en su gran amor, en un notable acto de perdón, envió a su Hijo Jesús; quien entró en la historia y pagó nuestra deuda al ser crucificado en una cruz romana.

Podemos ser restaurados a una relación correcta con Dios confiando en que la muerte de Cristo absorbe nuestra deuda y crea un puente entre Dios y nosotros.

Luego de morir por los pecados y ser enterrado, Jesús resucitó a la vida y se le apareció a cientos de personas, constatando su reclamo de ser el Salvador de Dios para el mundo. Esta resurrección nos muestra la intención de Dios de renovar todas las cosas rotas en el mundo- una misión en la que Dios nos invita a colaborar. En última instancia, Dios establecerá de nuevo su generosa autoridad sobre la humanidad y sobre toda la creación, para su gloria y para la plenitud del ser humano.

Sólo al estar conectados con Él a través de Jesucristo podremos ser completamente humanos.

Declaración de Fe

La Travesía, como iglesia presbiteriana, cree en las verdades de la Palabra de Dios según proclamadas durante la Reforma Protestante. Es la Palabra de Dios, y no tradición humana alguna, la única guía para la Iglesia. Solo Dios salva por su inmensurable misericordia y según Su plan soberano. Creemos que el sistema de doctrina enseñado en la Biblia se resume adecuadamente en esta declaración de fe.

  • La Biblia es la Palabra de Dios inspirada e inerrante, la única regla infalible de fe y práctica. Hay un solo Dios, eterno y autoexistente en tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) que deben ser amadas, honradas y adoradas por igual.

  • Toda la humanidad participó en la caída de Adán de su estado original sin pecado y, por lo tanto, está perdida en el pecado y totalmente indefensa.

  • El bautismo es una señal del pacto de Dios y se administra apropiadamente a los hijos de los creyentes en su infancia, así como a aquellos que llegan a confiar en Cristo como adultos.

  • Aquellos pecadores a quienes el Espíritu vivifica, llegan a creer en Cristo como Salvador por la Palabra de Dios, nacen de nuevo, se convierten en hijos de Dios y perseverarán hasta el fin.

  • La justificación es por la fe, y mediante ella, el pecador inmerecedor es revestido de la justicia de Cristo.

  • La meta de la salvación de Dios en la vida del cristiano es la santidad, las buenas obras y el servicio para la gloria de Dios.

  • El Dios Soberano, por ninguna otra razón que su insondable amor y misericordia, ha elegido a pecadores perdidos de todas las naciones para ser redimidos por el poder vivificador del Espíritu Santo y mediante la muerte expiatoria y resurrección de su hijo, Jesucristo.

  • Al morir, el alma del cristiano pasa inmediatamente a la presencia de Dios, y el alma del incrédulo queda eternamente separada de Dios para la condenación.

  • Jesucristo regresará a la tierra, visible y corporalmente, en un momento inesperado, para consumar la historia y el plan eterno de Dios.

Esta declaración de fe es solo un breve resumen. Para conocer más a profundidad cuáles son nuestras convicciones, use los siguientes enlaces:

La declaración de fe en esta sección está basada en un resumen de convicciones de Mission to the World, el ministerio de misiones a nivel global de nuestra denominación, la Iglesia Presbiteriana en América (PCA).